La posibilidad de que un ordenador pueda intervenir de forma
ilegal en una partida entre humanos se hizo patente en el Open de Filadelfia
de 1.992. Un desconocido inscrito con el apellido de Von Neumman, que no por
casualidad coincide con el de un famoso científico, sorprendía por su tremenda
irregularidad: un dia hacía jugadas magníficas, dignas de estrellas del tablero,
y ganaba a alguno de los favoritos; al día siguiente hacía pifias estrepitosas.
En realidad, casi no sabia mover las piezas; la calidad de su juego dependía
de que funcionara bien la conexión, a través de un micro-auricular, con un ordenador
instalado en otra habitación. Fue entonces cuando se comenzó a hablar de instalar
detectores de metales en los torneos; pero hay micro-auriculares indetectables.
La posibilidad de fraude sigue abierta, sobre todo en torneos de poca envergadura.
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