Portal Ajedrez
Portal Ajedrez
Documento sin título
  Página Principal   Contacta con nosotros  
Documento sin título
Google

Internet
Portal Ajedrez
Documento sin título

Clubes de Ajedrez

Documento sin título

 

 

   
 

La leyenda del tributo

 
 

Muchos han pretendido explicar el origen del juego del ajedrez y muchas historias se han contado, pero pocas tan sugerentes como la que narra el poeta Abul Qasim Mansur (939-1020) llamado Firdawsi "el Paradisíaco" en el poema épico "Shahnama" (Libro de los Reyes), un precioso manuscrito que aún se conserva compuesto de cerca de 50.000 versos dísticos en el que el autor asegura que invirtió 35 años de trabajo.


Cuenta Firdawsi que el rey persa Nushirwan (521-578) estaba sentado en su trono, en medio de una corte brillante, cuando llegó al palacio una embajada del rey Devasarma, el "Gran rey de las cinco Indias", y el embajador depositó a sus pies, entre magníficos presentes, un tablero de ajedrez primorosamente construido, junto con las piezas artísticamente cinceladas en marfil y ébano. Acompañaba el envío una carta ricamente ilustrada, donde el rey indio, de su puño y letra, decía: "... Os ruego examinéis este juego y lo sometáis a la vista de los más eruditos y los más grandes sabios de vuestro reino. Dejadles deliberar con cuidado para descubrir, si pueden, los principios de este juego maravilloso. Si conseguís penetrar su secreto os prometo reconocerme como hasta ahora tributario de Vuestra Majestad; de lo contrario como estará claro que no nos igualáis en ciencia, seréis Vos quien deberá someterse a pagarme tributo, porque la verdadera grandeza del hombre consiste en su sabiduría y no en los territorios, los ejércitos y los tesoros, cosas perecederas."


El rey Nushirwan meditó largamente sobre el contenido de la carta; después examinó cuidadosamente el tablero y las piezas e hizo algunas preguntas acerca de la naturaleza y el uso de éstas. "Majestad – le respondió el embajador indio –, lo que deseáis saber sólo se aprende jugando el juego; lo único que puedo deciros es que el tablero representa un campo de batalla y que las piezas son las fuerzas empeñadas en el combate."


Entonces el rey pidió siete días para reflexionar. "En el octavo día nos comprometemos a jugar vuestro juego – le dijo –, o a reconocer nuestra inferioridad."


Pasaba el tiempo establecido y cuando ya el enigma parecía insoluble, Wujurgmitr, el primer Consejero del rey, se ofreció a resolverlo en el último día de plazo con su noche. Se encerró con el juego en un lugar reservado del palacio; examinó el tablero y cada una de las piezas y se adentró en las posibilidades de su marcha, hasta que por fin toda la verdad se le reveló. Entonces corrió delante del rey y le dijo:" “¡He logrado descubrir la naturaleza del juego!”


La corte se reúne.
El embajador del rey Devasarma es introducido y se le hace repetir el mensaje de su soberano. Wujurgmitr explica solemnemente el tablero y el ordenamiento de las piezas y sus movimientos ante la asamblea muda de admiración.


Entonces el embajador indio se retiró, considerando a Wujurgmitr como un hombre cuya penetración era superior a la de los simples mortales, mientras que el rey colmó a su Consejero de los más grandes favores y dignidades.